| Cooperación, democracia y desarrollo |
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| Escrito por Roberto Laserna |
| Martes 27 de Julio de 2010 13:50 |
A pesar de su compromiso con la democracia y el desarrollo, la cooperación internacional en algunos casos contribuye a alejar al Estado de la sociedad en los países en que actúa. Al financiar inversiones y gastos públicos, refuerza la capacidad de la burocracia para actuar con independencia de lo que aporte o demande la sociedad. La rendición de cuentas a los donantes coloca a la burocracia estatal en una relación más estrecha con ellos que con la gente, y esa distancia debilita la democracia.
Para la población las rentas de recursos naturales y las donaciones del exterior son similares: representan recursos que no tienen relación con su propia capacidad económica. Los funcionarios del Estado seguramente tienen la misma percepción. Controlar las rentas de recursos naturales es mucho más sencillo que recaudar impuestos y, a diferencia de éstos, no dependen de lo que sucede en la economía local o el mercado interno. De hecho, cuanto mayor sea la proporción de las rentas en el financiamiento fiscal, menos le interesa al Estado la suerte de los productores y comerciantes vinculados al mercado interno. Algo similar sucede con los recursos de la cooperación externa. Incluso puede ocurrir que la burocracia estatal logre más apoyo de la cooperación cuanto peor esté la situación económica de la gente. En una lógica de buenas intenciones pero de resultados perversos, los recursos de la cooperación muchas veces terminan financiando burocracias “eficientes” en sociedades muy pobres… que quedan pobres. El reconocimiento de estos problemas ha comenzado a inquietar a los funcionarios de la cooperación y a los líderes políticos de los países donantes. Y algunos han empezado a buscar nuevas maneras de cooperar. Las propuestas más innovadoras y audaces en los últimos años han planteado, por ejemplo, la idea de entregarle directamente el dinero a la gente, a veces condicionando el hecho al cumplimiento de ciertos requisitos de comportamiento (visitas al médico, asistencia a la escuela, etc.) pero a veces sin condiciones de ningún tipo. Estas experiencias son todavía escasas pero las evaluaciones que se han hecho sobre ellas son muy alentadoras. En todos los casos se han comprobado significativos avances no solamente en términos de los problemas específicos que se buscaba superar (desnutrición, deserción escolar, mortalidad materna), sino de manera más general en la reducción de la pobreza. Las entregas en efectivo (cash transfers) dan a las personas la oportunidad de invertir el dinero donde más lo necesitan, de manera que ejercen mayor libertad y responsabilidad. Los proyectos se realizan con menos costos de administración y ofrecen menos oportunidades de despilfarro y corrupción. Adicionalmente, las entregas en efectivo amplían el mercado interno y dinamizan la economía, de manera que el efecto directo sobre la pobreza que tiene la entrega de dinero a la gente puede verse reforzada por la expansión de oportunidades económicas (inversión, empleo, ventas). Por otro lado, también se ha propuesto la idea de entregar los recursos de cooperación como retribución al cumplimiento de metas previamente acordadas entre gobiernos, y ya no para financiar proyectos o programas específicos, o ejecutarlos de manera directa. Esta propuesta busca que los contribuyentes de los países donantes tengan la garantía de que sus recursos estimularán el cumplimiento de las metas, pero sin interferir en la libertad que deben tener los gobiernos y las sociedades para decidir los medios para alcanzar esas metas. En ese modelo, la cooperación no reemplazaría al Estado ante la gente, y tampoco fiscalizaría sus maneras de operar, lo que permitiría una relación más estrecha y fluida entre la sociedad y el Estado. Este modelo está siendo promovido por el Centro para el Desarrollo Global, un think tank de Washington. En un discurso pronunciado poco después de asumir el cargo, el nuevo Ministro británico de cooperación al desarrollo, Andrew Mitchell, anunció que su gobierno crearía un cuerpo independiente de evaluación para supervisar la cooperación, y que ampliaría programas de financiamiento por resultados (cash on delivery) y de entregas directas de dinero (cash transfers), entre otras innovaciones. Si se avanzara en esa dirección, estaríamos muy cerca de un nuevo modelo de cooperación basado en la combinación de estas nuevas modalidades. Esto es esperanzador. Con los flujos de dinero llegando directamente a la gente se promovería una relación más estrecha entre la sociedad y el Estado, sobre todo en la medida en que éste se vea obligado a recaudar impuestos, a administrar los recursos con más eficiencia y a rendir cuentas a los ciudadanos. Y si además los resultados logrados por la inversión y la gestión pública le permitieran al Estado acceder a recursos adicionales, se fortalecería una dinámica virtuosa de desarrollo y democracia que, hasta ahora, ha eludido los esfuerzos de la cooperación. www.columnistas.net |




A pesar de su compromiso con la democracia y el desarrollo, la cooperación internacional en algunos casos contribuye a alejar al Estado de la sociedad en los países en que actúa. Al financiar inversiones y gastos públicos, refuerza la capacidad de la burocracia para actuar con independencia de lo que aporte o demande la sociedad. La rendición de cuentas a los donantes coloca a la burocracia estatal en una relación más estrecha con ellos que con la gente, y esa distancia debilita la democracia.





