| El valor de la libertad |
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| Escrito por Julio César Caballero |
| Martes 20 de Julio de 2010 14:08 |
¿Por qué tendría que preocupar a un ciudadano chino en pleno siglo XXI la libertad de pensamiento y la libertad de expresión? Su sistema de Gobierno ‘socialista’ está logrando sacar a millones de personas de la pobreza, está promoviendo el crecimiento económico sostenidamente al 10% anual, con una expansión exponencial de los negocios globalizados, donde son bienvenidos los inversionistas de todo el mundo, a quienes se les ofrece seguridad jurídica.
Mientras los jerarcas del Partido Comunista siguen con su discurso marxista-leninista, al mismo tiempo pueden adquirir automóviles de lujo y ropa de marca. ¿Qué debe preocuparles si sus necesidades básicas, según la pirámide Maslow, están satisfechas? China es un verdadero desafío ético sobre la jerarquía de las necesidades para una sociedad que puede equivocar el camino pensando en que la satisfacción material es un objetivo en sí mismo. Si un ciudadano puede escoger entre un súper auto y un súper departamento de lujo y no logra comunicarse libremente con su vecino, algo profundamente contradictorio está ocurriendo. Google se retiró de China y volvió por razones netamente económicas, pero el dilema que encerraba esa decisión tenía bases éticas. En plena revolución de la Internet, la censura permite en ese país el seguimiento de las redes sociales, el control de lo que se escribe y la búsqueda de disidentes a través de sofisticados sistemas de seguimiento en línea de los que piensan diferente al régimen. Nada puede ser publicado sin la revisión de los comités creados para monitorear la producción intelectual de los ciudadanos que tienen como opción oficial al China Daily, periódico editado en inglés. La resistencia en China es fuertemente combatida por sistemáticas persecuciones a los pocos disidentes que cuestionan los métodos antidemocráticos de administrar justicia, con violaciones flagrantes a los derechos humanos y una abierta dictadura frente al pensamiento plural. El control del pensamiento político y el control de los medios de comunicación masiva, incluida la Internet, han generado una poderosa élite comunista, pragmática, que se está enriqueciendo rápidamente, generando así una nueva casta de dirigentes que son capaces de negociar sus principios revolucionarios en materia económica, siempre que no afecten su objetivo de mantenerse en el poder a lo largo del nuevo siglo. Los chinos pueden comprar, vender, negociar, pero no pueden pensar diferente, no pueden opinar diferente, contradiciendo la línea oficial del partido. Ni siquiera las protestas de la plaza de Tian’anmen de 1989, también conocidas como la masacre de Tian’anmen, lograron mover un milímetro a los poderosos líderes comunistas. Los manifestantes provenían de diferentes grupos, desde intelectuales que creían que el Gobierno del Partido Comunista era demasiado represivo y corrupto, hasta trabajadores de la ciudad que creían que las reformas económicas en China habían ido demasiado lejos. En resumen, son los nuevos ricos sin libertades ciudadanas elementales.
El autor es periodista y cientista jurídico. |




¿Por qué tendría que preocupar a un ciudadano chino en pleno siglo XXI la libertad de pensamiento y la libertad de expresión? Su sistema de Gobierno ‘socialista’ está logrando sacar a millones de personas de la pobreza, está promoviendo el crecimiento económico sostenidamente al 10% anual, con una expansión exponencial de los negocios globalizados, donde son bienvenidos los inversionistas de todo el mundo, a quienes se les ofrece seguridad jurídica.





