Bolivia: Eterno Lloriqueo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por J. Lizandro Coca Olmos   
Miércoles 26 de Mayo de 2010 22:10
altEl discurso facilón ha invadido un sinnúmero de países, pero sólo en algunos se ha instalado tan sólidamente como en Bolivia. Y no es que no haya existido antes, la obra cúspide de Galeano, “Las venas abiertas de América Latina” –cuyo nombre más apropiado sería “El eterno lloriqueo de América Latina”- es un botón de muestra de que el discurso facilón siempre existió.
 
Pero ¿qué es el discurso facilón?, es una cantinela que consiste en culpar al resto de las propias miserias. Veamos, por ejemplo, el caso de Bolivia:
 
Los bolivianos nos hemos considerado miserables desde siempre. Primero con la llegada de los conquistadores españoles. Las denuncias, escritos e historias de abusos están por doquier y a la orden del día. Historia sencilla y maniquea, éramos los lindos indiecitos, los buenos salvajitos, y llegaron los malvados españoles, los perversos conquistadores, abusando, matando y explotando.
 
Pero ¿trajeron algo bueno?, por supuesto que no, el “imperio” incaico, con su cultura, su filosofía y su tecnología, a pesar de no haber inventado la escritura o la rueda, por alguna extraña razón, y de alguna misteriosa manera, habría sido mucho mejor que la España grandiosa, la Madre Patria. Resultado: imperio malo e ignorante vence a salvajes sabios y buenos.
 
La era de la construcción de la República no es menos traumática para los portavoces del lloriqueo eterno. La naciente Bolivia se vería postergada por varias guerras fratricidas que le costarían casi la mitad del territorio con el que originalmente nació a la vida independiente. Los vecinos malvados le arrebatarían recursos naturales esenciales, con los que se volverían ricos, y sin los que Bolivia se mantendría en el atraso, muy a pesar de seguir siendo esa tierra de gente buena, inocente y trabajadora, mezcla entre buen salvaje y buen revolucionario.
 
Adicionalmente los intereses ingleses conspirarían contra nosotros. Inglaterra sería el imperio que sucedería a España en el papel de gran malvado, y el que precedería a Estados Unidos. La eterna novela trágica continuará hasta el absurdo.
 
En 1952 se gesta otra revolución, otro acto heroico, de los pocos que se han visto en esta tierra, llevado adelante por mineros y campesinos, pero traicionado ¿cómo y cuándo no? esta vez por los dirigentes del MNR. El pueblo debió haber encabezado el nuevo gobierno, “los trabajadores” dijeron y dicen los marxistas. Siempre la traición de alguien e invariablemente la respuesta: el culpable fue tal, quien debió haberlo liderizado era cual, los buenos son estos, los malos son aquellos, nunca nada nos sale bien, los complots, desde adentro o desde afuera, nos arruinan el momento de partida, el arranque hacia el progreso y el desarrollo.
 
Con la revolución vendría la destrucción institucional y la construcción de una nueva, nuevos rostros, nuevos grupos, distintos nombres y diferentes organizaciones, pero el resultado es el mismo.
 
Después de los gobiernos de la revolución vienen los nuevos malvados. Estados Unidos el primero y el más grande, secundado por los dictadores militares y, más tarde, por las grandes empresas transnacionales. Nuevamente nosotros somos los buenos y las victimas, el narcotráfico y la corrupción son, como diría Jaime Paz “ajenos y nos vinieron de fuera”, porque nosotros somos tan débiles mentales, tan peleles, que adquirimos todos los vicios y desastres extranjeros sin el menor reparo, nos ganan en nuestra inocencia y nunca nos enteramos de la diferencia entre el bien y el mal. Como si el narcotráfico no hubiera sido un gran negocio para propios y extraños, pobres y ricos, poderosos y ciudadanos, sin distinción de raza, genero, posición social o ascendencia étnica.
 
Desde el año 2006, supuestamente “el pueblo” esta en el gobierno, hay mas narcotráfico, aun existe la corrupción, la ineficiencia y la ausencia de profesionalismo están en boga, y los malvados de turno siguen siendo Estados Unidos y las transnacionales. Los delitos y errores cometidos por “el pueblo” en función de gobierno, sin embargo, deben ser disculpados y comprendidos, puesto que fueron los españoles, los sucesivos imperios, la sociedad capitalista con sus valores decadentes, en fin, todos los malvados que pasaron por nuestra historia, quienes le enseñaron a algunos de los buenos salvajes de nuestros hermanos a robar, a mentir y a flojear.
 
Los culpables nunca, pero nunca, seremos nosotros. Siempre mantendremos nuestras manos limpias, siempre buscaremos la licencia para permanecer en la inmadurez como sociedad, y cada década nos brindará nuevos argumentos para ser peores y exigir ayuda y compensaciones por ello.
 
Y la idea de los políticos siempre será la misma, a saber, conservar vivo el discurso facilón, y mantenernos vírgenes de culpa hasta el final de los días.

 
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