Ya sabemos que la economía anda mal, y no nos vamos a dejar engañar por las declaraciones del ministro Luis Arce Catacora que trata de minimizar el impacto de la disminución del precio de los hidrocarburos sobre nuestras exportaciones de gas, diciendo que la caída es sólo del 17% y no del 49% como dicen “sus analistas”. Lo cierto es que la crisis ya se siente, y no es sólo un efecto del orden económico mundial, es también causada por la ineptitud del gobierno a la hora de asumir medidas en pos de que el orden económico nacional sufra los menores traumas posibles.
La pérdida del mercado norteamericano para los productos Atpdea, gracias a nuestra absurda guerra diplomática contra los Estados Unidos; la pérdida de mercados de exportación para el aceite y el pollo, gracias a las restricciones puestas por el Gobierno durante sus paranoias sobre supuestas especulaciones; la pérdida de competitividad de nuestra industria exportadora, gracias a la apreciación de la moneda boliviana y su anclaje cambiario; el excesivo gasto estatal, sin planificación ni visión alguna, orientado a cualquier cosa menos al fortalecimiento del aparato productivo; la absoluta inseguridad jurídica, que no muestra ni siquiera la posibilidad del respeto a la propiedad privada, y que ahuyenta inversiones no sólo extranjeras sino también nacionales; el empecinamiento en concentrarnos eternamente en política, descuidando la gestión y el orden económico, y causando la proliferación de “fiestas democráticas” por doquier; los ataques contra el capitalismo, el libre mercado, la libre iniciativa, el libre comercio, la libre empresa, y todo aquello que genera riqueza y empleos, etc. Todo esto, descuidado y destruido por total y absoluta responsabilidad del gobierno ¿y esperan que creamos que no hay crisis, que no hay deflación, y que Bolivia será Suiza en 12 años? (el Presidente dijo 15 en su discurso del 6 de agosto de 2006).
Por supuesto, como hay otra “fiesta democrática” en diciembre, y otra más en abril de 2010, los voceros gubernamentales continuarán pintándonos el panorama de color rosa, minimizando la crisis que ya se siente en los mercados, y hablando de lo maravilloso de su administración pública. Seguirá la fuga de divisas causada por el simbólico pero inútil anclaje del cambio, seguiremos insultando y despreciando los mercados más grandes del mundo como son el europeo y el norteamericano, seguiremos parloteando sobre payasadas como el ALBA y los Tratados de comercio de los Pueblos, seguiremos peleados con la empresa y la industria, seguiremos siendo enemigos del capital, y continuaremos con cabildos, cercos, marchas, bloqueos, huelgas, balconazos, tomas de tierras, repartijas de dinero, etc. Y al final del día, nos dirán que los culpables son los neoliberales e imperialistas.
El MAS realmente cree que se va a quedar mucho tiempo en el gobierno, el suficiente para poder reescribir la historia y para tratar de borrar de las mentes de los bolivianos todo este circo de irresponsabilidad que, dicho sea de paso, solamente describe las barbaridades hechas en el orden económico, y ni siquiera todas ellas.
Yo no sé qué vaya a pasar por la cabeza de los bolivianos en diciembre, o en tres años, o en cinco, o en 10 o más, pero algo puedo asegurar con certeza: los únicos que podrán arreglar todo el desbarajuste que ha causado, que causa y causará el populismo del MAS, serán los liberales. Y no solamente en Bolivia; en el resto del mundo, donde se intenta resucitar a Keynes o, peor aún, a Marx, los desastres serán tales, que la única solución para recuperar el crecimiento, la estabilidad, la prosperidad, va a ser llamar a quienes, desde ahora y desde antes, estamos predicando en el desierto, los liberales. De la misma forma que dice la canción de la primera película de Los Cazafantasmas: If there's something strange in your neighborhood Who you gonna call? ¡Ghostbusters! La diferencia es que aquí diremos: Si la crisis azota a tu país ¿a quién llamarás? ¡A los liberales! Eso, si todavía estamos disponibles y no hemos hallado mejores cosas que hacer.
Entre tanto, sigan haciendo el papel de héroes, continúen con la pantomima de buenos revolucionarios, diviértanse con las expectativas e ilusiones de la gente, que para eso son buenos y, al menos por el momento, a la gente parece gustarle.
El autor es miembro del Instituto Libertad Democracia y Empresa
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