|
El Gobierno boliviano acaba de inaugurar las tres primeras universidades indígenas, de un proyecto que contempla la instalación de unas 25 sedes en comunidades rurales del país. Estas tres universidades habían sido creadas en agosto de 2008 por Decreto Supremo 29664 y las mismas se encuentran ubicadas en La Paz, Cochabamba y Chuquisaca. En Warisata - La Paz se creó la Universidad Tupac Katari, donde se pretende hablar aymará en las clases y se cursará: Agronomía altiplánica, Veterinaria, Industria de alimentos, y Textiles; en Chimoré – Cochabamba se creó la universidad Casimiro Huanca donde se hablará quechua y se cursará: Agronomía tropical, Ingeniería forestal, Industria textil, y Piscicultura, y, en Kuruyuki, Machareti – Chuquisaca las clases se darán en guaraní y se cursará: veterinaria, piscicultura, ingeniería de petróleo y gas natural, y forestal.
Según el Ministerio de Educación, se espera que estas universidades sean las más modernas del país en cuanto a recursos tecnológicos y que las mismas estarán interconectadas permanentemente a través de un “sistema avanzado y computarizado”. Cabe preguntarse: ¿no necesitarán inglés básico para manejar dichos equipos?
Estas universidades empezarán sus clases partir de mayo con 480 estudiantes que provienen de comunidades campesinas y originarias del país. Se dice que estos estudiantes deben cumplir con dos condiciones: hablar el idioma de la región (en este caso aymará, quechua y guaraní) y contar con el aval de su comunidad de origen, como garantía que terminará los cinco años de estudio.
Según el Gobierno, se busca “descolonizar ideológicamente y culturalmente” a los profesionales. Las personas que salgan de estas universidades, deberán acompañar y comprometerse con el proceso de cambio político iniciado en el país para que no exista más retroceso.
Con esto el Gobierno asegura el entierro del actual sistema universitario neoliberal, discriminador, individualista y privilegiador del consumo. Pero me pregunto: ¿Un estado con 36 naciones y 37 idiomas oficiales, no debería tener una universidad por cada nación? ¿Empezando por las actuales universidades públicas, no se debería exigir el requisito de ser originario del lugar, marginando a los que no lo sean? ¿Acaso las personas que no tengan un aval comunitario no tienen derecho al acceso y libertad de educación? ¿Cuáles son los parámetros para que la comunidad, asegure que X terminará la universidad y Z no lo hará?
Si fuera el caso, muchos de mis profesores de secundaria podrían dar testimonio de que yo no hubiese sido calificado para cursar alguna clase de nivel superior, se hubieran equivocado.
Toda la retórica gubernamental da náuseas y da risa. Sólo en sociedades extremadamente oscurantistas se puede pretender poner fin a las universidades “neoliberales”. Si uno analiza la situación universitaria “neoliberal” latinoamericana en general, estará de acuerdo en afirmar que la situación educativa superior latinoamericana está postergada y retrasada en comparación con otras universidades de sociedades más avanzadas tecnológicamente.
Durante la solemne investidura como doctor “honoris causa” de Mario Bunge en la Universidad de Salamanca el 15 de mayo de 2003, el filósofo y físico argentino se propuso defender dos tesis: la primera es que la investigación científica es la gallina de los huevos de oro y la segunda es que hay maneras de criarla, y otras tantas de matarla.
La idea es que la ciencia nutre a la técnica y la cultura occidental de raíz grecolatina, se caracteriza por su dependencia con la investigación básica. Según Bunge, si ésta se detuviera, ya por falta de vocaciones, ya por falta de fondos, ora por censura ideológica, ora por decreto, nuestra civilización se estancaría, y pronto decaería hasta convertirse en barbarie. Basta recordar lo que sucedió con la ciencia básica bajo el fascismo, y con la biología, la psicología y las ciencias sociales bajo el estalinismo.
Se debe buscar incansablemente la verdad por la verdad, pero cuando el Gobierno trata de dogmatizar la educación, lo único que consigue son personas acríticas, soldados del caudillo, incondicionales del proceso, etc. Las carreras técnicas que ofrecen las universidades indígenas se verán embarradas por la ideología gubernamental dominante.
En ese afán de buscar el totalitarismo, la educación es una forma de reproducción (Bourdieu a la inversa), se reproduce y se busca la transmisión de valores culturales entre las clases sociales, el estado reproduce dentro de su mismo entorno cultural lo que le conviene y lo que llama “revolución cultural y democrática” que no es otro afán que un proyecto autoritario anquilosado en el pasado y en la oscuridad.
No existiría problema, si se buscara la verdad por la verdad, sino se discriminaría por el origen, si solo se investigaría para falsear y criticar las propias hipótesis, pero ese proyecto busca llenar todos los espacios de una especie de oscurantismo tradicional, donde existe fundamentalismo religioso andino, ciencias ocultas, homeopatía, etc.
Muchas personas me reprocharán el hecho de que se trate de recuperar sus costumbres y tradiciones, pero debemos entender que gracias al “pensamiento débil” muchas personas, especialmente mujeres, están muriendo por la grasa de culebra. Pero la ciencia no reconoce razas, orígenes, sexo, etc. lo que busca es la aproximación a la verdad mediante hipótesis que pueden tener como fuente la tradición, pero de todas maneras, estas hipótesis tendrán que ser contrastadas, sin respetar que sean originarias o no.
Una universidad sea “neoliberal” o “indígena” (qué jocosidad y mala intención existe en esta distinción tan absurda) debe denunciar las imposturas intelectuales, las medicinas alternativas que no tengan ningún sustento científico, y conseguir que se fomente el pensamiento crítico, el debate racional y la divulgación científica.
|